"Cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma, no
habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que
puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad"
Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio). Papa Francisco, 2013.
El problema de nuestras infancias: Un llamado a la conciencia nacional y colectiva para una tarea impostergable en la Argentina del Siglo XXI
Advertimos con profunda preocupación la grave situación que atraviesan las
familias argentinas. Las infancias son quienes padecen con mayor crudeza las
consecuencias de un modelo económico y social que profundiza las desigualdades,
debilita los lazos comunitarios y abandona las responsabilidades indelegables del
Estado en materia de protección y promoción de derechos.
Asistimos a
una etapa crítica de nuestra historia reciente en la que millones de
familias trabajadoras son empujadas a
condiciones de creciente vulnerabilidad.
Mientras una minoría concentra riquezas extraordinarias y se beneficia de políticas
que privilegian la especulación financiera por sobre la producción y el trabajo,
amplios sectores de nuestro pueblo son condenados a la incertidumbre, el
endeudamiento y la pobreza.
Las cifras oficiales reflejan una realidad alarmante.
Millones de niñas, niños y
adolescentes (NNyA) viven hoy bajo la línea de pobreza y más de un millón lo hacen
en condiciones de
indigencia. Detrás de estos números existen historias concretas
de sufrimiento: niños que llegan a la escuela sin haber desayunado, familias que
reducen la cantidad de comidas diarias, hogares que reemplazan alimentos
esenciales por productos de bajo valor nutricional y padres que deben elegir entre
alimentar a sus hijos, comprar medicamentos o pagar los servicios básicos.
La pobreza e indigencia evidencian las desigualdades de la sociedad, no afectan a
NNyA por igual, los datos de incidencia esconden entre diversos grupos
poblacionales, asciende al 81 % en hogares niveles educativos muy bajos, a 60% en
hogares monoparentales con jefatura femenina y a 72% en barrios populares.
En Argentina más de 3 millones de NNyA viven en hogares monoparentales con
jefatura femenina. Esto refleja mayores tasas de pobreza infantil, más de 12 puntos
en hogares nucleares. A pesar de las decisiones de los gobiernos de financiar
políticas de ingresos para la protección social, queda en evidencia que además de
los números, porcentajes que pueden variar, subir o bajar, según estudios y
mediciones de ámbitos tanto públicos como privados, en la Argentina de hoy nadie
puede negar que la pobreza infantil sigue siendo un problema que no se resuelve.
El hambre dejó de ser una excepción para transformarse en una amenaza cotidiana
para millones de argentinos. En nuestros barrios, los comedores comunitarios y las
organizaciones se han convertido en el
único espacio capaz de garantizar al menos
una comida diaria para miles de niños y niñas. Allí donde el Estado se retira, la
comunidad organizada intenta sostener con enorme esfuerzo aquello que debería
constituir una prioridad nacional.
A esta realidad se suma un fenómeno cada vez más extendido: el
endeudamiento
de las familias. Miles de hogares recurren a tarjetas de crédito, préstamos
personales, billeteras virtuales, financieras o prestamistas informales para afrontar
gastos elementales como alimentos, transporte, alquileres, medicamentos y
servicios públicos. La deuda ya no se utiliza para mejorar las condiciones de vida,
sino para
sobrevivir. Esta situación constituye una de las expresiones más
dramáticas del deterioro de los ingresos y del
empobrecimiento creciente de
nuestra sociedad.
El
vaciamiento de políticas públicas destinadas a acompañar a las familias agrava
aún más este escenario. La
ausencia de planificación estratégica y la
reducción de recursos destinados
a educación, salud, alimentación y cuidado generan una
inestabilidad permanente en la atención de las infancias y limitan severamente sus
posibilidades de desarrollo integral. A pesar de que existe la Ley de Protección
Integral de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, que determina la
intangibilidad de fondos destinados a la infancia y prohíbe reducciones
presupuestarias; desde 2024 el Gobierno Nacional los redujo en un 18%, afectando
los programas educativos, de salud y de protección social.
Particular preocupación merece la
situación sanitaria. Cada vez más familias
encuentran dificultades para acceder a
controles pediátricos, tratamientos
médicos, estudios especializados y
medicamentos.
La reducción de programas preventivos y comunitarios, sumada al deterioro del
sistema de salud, deja a miles de niños y niñas expuestos a enfermedades evitables
y dificulta la detección temprana de problemáticas que afectan su crecimiento y
desarrollo.
Resulta especialmente alarmante el retroceso observado en los niveles de cobertura
de vacunación infantil. La interrupción o debilitamiento de campañas sanitarias, las
dificultades de acceso y la falta de recursos destinados a la prevención ponen en
riesgo conquistas históricas de la salud pública argentina y exponen a nuestros
niños y niñas a enfermedades que durante décadas permanecieron bajo control.
Esta situación impacta de manera aún más severa sobre las
personas con
discapacidad, los niños y niñas con trastornos del desarrollo y aquellos que
requieren tratamientos, terapias o acompañamientos especializados. La falta de
cobertura adecuada, la demora en las prestaciones y la insuficiencia de recursos
profundizan desigualdades ya existentes y vulneran derechos fundamentales.
La educación de la primera infancia atraviesa una crisis de igual magnitud. Las
desigualdades se profundizan mientras las organizaciones educativas comunitarias,
que desde hace décadas brindan contención, cuidado y oportunidades de
aprendizaje en nuestros barrios, enfrentan enormes dificultades para sostener sus
tareas cotidianas.
La limitada oferta institucional en la primera infancia, inicial y maternal, persiste
sobre todo en término de financiamiento para ofrecer un servicio de calidad sobre
todo en contextos vulnerables que se traduce en déficit en la formación docente,
acompañamiento y recursos, falta de coordinación en distintos sectores: educación,
desarrollo social y trabajo, para asegurar la transición y complementariedad entre
las distintas modalidades de espacios de educación y cuidados.
La falta de apoyo institucional contribuye a la deserción escolar y afecta la
continuidad educativa de miles de niños, niñas y adolescentes que encuentran en
los espacios comunitarios una referencia fundamental para construir proyectos de
vida, fortalecer vínculos y desarrollar plenamente sus capacidades.
La respuesta estatal frente a esta crisis parece
limitarse a programas de
transferencia monetaria como la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta
Alimentar.
Si bien constituyen herramientas para aliviar tensiones que en números los
gobiernos la presentan como la solución y cobertura universal, resultan insuficientes
para garantizar condiciones dignas de vida. Ninguna transferencia económica
puede reemplazar la presencia de políticas públicas integrales que aseguren
alimentación adecuada, educación de calidad, atención sanitaria, acceso a la
cultura, recreación y acompañamiento familiar.
Pasaron más de cien años desde que
Rosario Vera Peñaloza, desafiando los
prejuicios de su época, impulsó una concepción integral de la educación de la
primera infancia, convencida de que el desarrollo de nuestros niños y niñas
constituía la base sobre la cual debía construirse el futuro de la Nación. Su ejemplo
nos interpela hoy con renovada vigencia.
Los
derechos de las niñas, niños y adolescentes, reconocidos por nuestra
Constitución Nacional y por los tratados internacionales incorporados en ella,
deben ocupar un lugar prioritario en la agenda pública. No existe proyecto de
desarrollo nacional posible cuando millones de niños crecen atravesados por el
hambre, la pobreza, la exclusión y la incertidumbre.
Las organizaciones comunitarias están llamadas a cumplir un papel estratégico y
fundamental. Somos quienes
sostenemos diariamente la
trama social en los
territorios, acompañamos a las familias, organizamos la solidaridad, promovemos
derechos y muchas veces constituimos el único sostén efectivo para las infancias
allí donde las instituciones estatales no logran llegar.
Por ello, nuestras organizaciones, cuya
legitimidad se encuentra
respaldada por
años de trabajo, compromiso y permanencia, deben ser visibilizadas, jerarquizadas
y convocadas a participar activamente en el diseño e implementación de políticas
públicas eficaces, construidas sobre la base del bien común, la
justicia social y la
corresponsabilidad entre Estado, el llamado "mercado" y la comunidad.
Instamos al Gobierno Nacional a asumir
plenamente las responsabilidades que le
competen, abandonando toda mirada reduccionista sustentada exclusivamente en
indicadores macroeconómicos que no reflejan el sufrimiento cotidiano de millones
de argentinos y argentinas. La realidad de nuestras infancias exige sensibilidad,
compromiso y decisión política.
Convocamos a toda la comunidad nacional a asumir esta tarea urgente. Nuestra
historia está marcada por grandes gestas colectivas y por la capacidad de nuestro
pueblo para sobreponerse a las adversidades cuando se trata de defender las
causas más nobles.
El futuro de la Argentina dependerá de nuestra capacidad para garantizar que
ningún niño pase hambre, que ningún niño quede excluido de la educación, que
ningún niño vea restringido su acceso a la salud y que ninguna familia deba
endeudarse para asegurar derechos básicos.
Que la igualdad de oportunidades sea un eje estratégico en todas las dimensiones
de discusión pública y privada, y sobre todo en una política de estado que
trascienda las ideologías, y vuelva poner al ser humano y principalmente los niños,
niñas y adolescentes, en el centro de todas decisiones.
Porque una Nación que abandona a sus niños y niñas renuncia a su propio destino.
Porque no existe justicia social posible sin infancias protegidas.
Porque el presente y el futuro de la Patria están en ellos.
Sostengamos una vez más aquella convicción que atraviesa nuestra historia:
En la Argentina, los únicos privilegiados deben ser los niños.
Hagámoslo posible.
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CONNAF
Colectivo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia
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Desde CONNAF convocamos a organizaciones, instituciones y a toda la comunidad a sumar su firma en este documento federal. Advertimos con profunda preocupación el vaciamiento de políticas públicas, la reducción de los presupuestos destinados a las infancias y el alarmante crecimiento de la pobreza.
En este contexto, las organizaciones comunitarias somos quienes diariamente vertebramos la trama social y exigimos ser visibilizadas y jerarquizadas. No existe proyecto de desarrollo nacional posible cuando millones de niños, niñas y adolescentes crecen atravesados por la exclusión.
En nuestra Argentina los únicos privilegiados deben ser los niños y niñas. ¡Ayudanos a difundir compartiendo este mensaje!
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